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Mostrando entradas de agosto, 2014

Los solitarios

El cielo estaba gris y el aire se sentía húmedo. Los pájaros cantaban tímidos y cuando los escuchaba recordaba aquellas mañanas de invierno en la cama con mamá. Tenía solo algunos años y me ponía triste cuando pensaba que ellos tenían frío porque no estaban con su mami como yo con la mía.
Inmersa en esa imagen subí a la bicicleta y llegué hasta una plaza cerca del río. El aire olía fresco, qué bueno que tenía mis guantes. Qué bueno que mi piel estaba curtida. Me sentía fuerte. Todavía me siento fuerte.

Con los auriculares puestos me apoyé en un árbol y empecé a observar. La calle estaba casi vacía y solo se veían algunos caminantes ansiosos y solitarios, esos que si pasaban mucho tiempo dentro de su casa sentían que se asfixiaban y necesitaban salir a respirar sol, aunque la tarde estuviera nublada.
A pocos metros había una esquina en reparación donde los autos se acumulaban para doblar en u. Y en un momento a esa fauna de vehículos se sumó un motor ruidoso por añadiduras post fábrica. S…

Una mañana

Un dolor agudo te atraviesa el vientre. Tu estómago se contrae y en un espasmo involuntario une tus rodillas con el pecho. Tomás forma de bicho bolita mientras sentís como los filamentos se destruyen. Tu estómago se estira y en tu pecho se dibuja un mapa de mil venas. Las piernas que te acompañan se tiñen tintas y su circulación está espesa como una ruta congestionada. El bajovientre se desgarra. ¿Acaso lo que duele son las entrañas? El ceño se frunce, los ojos lloran y la piel se moja como excitada. El calor frío te invade y sus gotas heladas se deslizan por los surcos de tu cuello. Solamente querés volver a la cama pero tenés que ir a trabajar. El octavo día solo existe para Dios.

Juliana Biurrún

Palabras

Las palabras tienen fuerza propia que va más allá de quien las pronuncie. No necesitan aprobación ninguna y cuando son lanzadas al universo su poder rueda instantáneamente. Son la resonancia del sonido interno y su vibración puede expandirse hasta lugares desconocidos. Para bien o para mal, ese Todo no distingue entre patrones de bondad o perjuicio, solo capta intenciones y las materializa en sus emisarios. Por eso cuidado con lo deseas, porque sin dudas puede cumplirse.
Las palabras son poder de creencia, expansión, puentes de vulgaridad o divinidad. Son sagradas escritas o habladas. El mensajero en cualquiera de sus formas es el medio. Sabio, discípulo o pastor, todos viven y son en ellas.
Palabras de madre tierra, de plano humano y celestial. Palabras de voz o pensamiento. Palabras selladas, transtemporales e interplanetarias. Todas son lenguajes del cielo y la boca no es conciente de la longitud de sus dichos cuando los derrama en los hilos del cosmos.

Porque ellas son la conexión …

Consejos para un viajero

Viajar es cambiar, abrirse, absorber. Es un shock vitamínico que despierta las defensas y aumenta la percepción de palabras, gestos, sonidos, aromas, sabores y olores. Se trata de moldear el cuerpo y mente a lo amorfo de lo desconocido, inspirar al espíritu a iluminar historias, consumir cultura y masticar interacción. Es descubrir que somos capaces de superar lo que sea y que podemos adaptarnos a lo lejano sin miedo. Porque viajar es también crecer en empatía y humanidad.
Pero el viaje no concluye en el viajero. Por el contrario, termina de capitalizarse cuando lo aprendido es compartido y se convierte en nuevos saberes para alguien más. Una foto, una anécdota, una receta o lo que sea que capte la atención de cada uno, contribuyen en esta cruzada para aprender a través de.

Por eso viajero, no te distraigas en el paisaje ni en el cielo. Admirá con profundidad los colores de cada lugar que pises, extraé el jugo de cada conversación en la calle, observá cómo interactúa la gente entre sí, …

Vivir en aventura

Bienaventurados quienes crucen cordilleras en su imaginación y enfunden su espíritu con virginidad de sorpresa. Ellos se transformarán por admiración y alumbrarán su camino con ojos de niño.
Para encontrar la aventura hay que redescubrir lo que se mira y darle impulso profundo al corazón. Ella se camufla invisible a los ojos dispersos y se balancea entre ambientes para llamar la atención. Coquetea desde las sombras y le silba a quienes caminan por su vereda. Muchas veces ese sonido se pierde en la nada, pero cuando alguien escucha la melodía de sus labios no puede resistir el encanto.
Encontrarla implica generar rupturas para percibir el sabor escondido en lo cotidiano. Esa búsqueda se trata quebrar parámetros y volverse un espectador permeable a situaciones de potencial transformador; ser protagonista en la cadencia de acciones para vibrar con más fuerza y color en lo que ocurra. Y por supuesto, es también arriesgarse alegre y sin miedo a lo desconocido, porque la aventura se vive más …