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Palabras

Las palabras tienen fuerza propia que va más allá de quien las pronuncie. No necesitan aprobación ninguna y cuando son lanzadas al universo su poder rueda instantáneamente. Son la resonancia del sonido interno y su vibración puede expandirse hasta lugares desconocidos. Para bien o para mal, ese Todo no distingue entre patrones de bondad o perjuicio, solo capta intenciones y las materializa en sus emisarios. Por eso cuidado con lo deseas, porque sin dudas puede cumplirse.

Las palabras son poder de creencia, expansión, puentes de vulgaridad o divinidad. Son sagradas escritas o habladas. El mensajero en cualquiera de sus formas es el medio. Sabio, discípulo o pastor, todos viven y son en ellas.

Palabras de madre tierra, de plano humano y celestial. Palabras de voz o pensamiento. Palabras selladas, transtemporales e interplanetarias. Todas son lenguajes del cielo y la boca no es conciente de la longitud de sus dichos cuando los derrama en los hilos del cosmos.


Porque ellas son la conexión que une a las neuronas en un idioma desconocido; la materialización de la energía sutil en el cuerpo denso. La fuerza que impulsa la convicción en la acción. El eco que se estira de los labios, el envión que dispara las ideas. Las palabras son expresión mágica cuando plasman sentimiento. El canal que usa el corazón para desapegarse y ser en una leyenda sin dueño ni fin.

Juliana Biurrún

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