jueves, 31 de agosto de 2017

Al desnudo del amor

Comentario sobre la obra de teatro BodyArt

¿Quién no se enamoró alguna vez y se obnubiló en admiración hasta perderse en la inmaterialidad de una contemplación que lo dejó idiota por tiempo indefinido? ¿Quién no fantaseó hasta el cansancio con convertirse en el “objeto de amor” para ese ser perfecto y obsesionó su pensamiento desde abrir los ojos hasta volver a dormir y durante el sueño también? ¿Quién no lo hizo hasta la disolución de su autoestima sobre la posibilidad digna de corresponder en adoración a semejante criatura de los dioses?

En esa instancia aparece el costado oscuro del amor y hace sombra para desvanecer al sujeto y fundirlo en el objeto de deseo, hasta mutarlo al estado de simbiosis y suicidar su belleza de singularidad. BodyArt transita estos espacios mientras se codea con el amor romántico que emerge de las partes en conexión, sin integrar en este caso, el estado de conexión para con ellas mismas.

Lo hace de manera interactiva con los espectadores y desde la búsqueda de una puesta distinta, que empieza cuando el público cruza el ingreso de la sala y se encuentra con un espectáculo de carácter integrador que se viste de obra para relatar una historia de amor.

En la ficción como en la vida, no existen verdades sino puntos de vista, premisa que en BodyArt crece como un homenaje a la sagrada relatividad. Esto se desarrolla en clave dramatúrgica posmoderna, donde la distancia brechtiana entre escritor y actor se quiebra para dar lugar a una narrativa hiperrealista de temperamento intelectual en el colectivo artístico.

En esto cabe la idea de que, “la forma teatral de la dramaturgia posmoderna argentina, expone una escritura que fusiona explícitamente la realidad con la ficción, donde la poesía se desdobla de la metáfora y se redefine existencial. Esa combinación cuestiona en cierto modo la ironía del escritor y el misterio de su inspiración: Si lo escrito es real, autobiográfico o puro cuento” (1).

Aquí, la historia de un amor apasionado y en tránsito, que interpela en lo denso de la mente y critica solapadamente las miserias personales en el mundo del arte, cimentado esto en la minuciosa intelectualidad que pulula la constitución de sus lenguajes.

El debut como director de Diego Saege, lo empodera sobre el uso del espacio y deriva además, en la ruptura a un nuevo nivel: El acercamiento entre las actrices y el público, (ellas Francisca Arriagada y Silvina Forquera). “En esta reformulación el espectador acostumbrado al teatro tradicional podrá redescubrirse en una nueva perspectiva de interpretación e identificación, ya no dada por el absolutismo de la metáfora sino por el acercamiento con la realidad” (2).

Una propuesta fresca y bella en cuanto a lo estético de la construcción colectiva del ambiente artístico plástico –incluido el vestuario-; que indaga empáticamente en las ciclotimias del amor y sus procesos mediados por el ego.

Una historia también de desamor con doble peso en sus heridas: La narcisista y la del corazón; variables que se entrelazan y licúan conforme avanzan, desde que la lente del ego comanda los pasos hasta que sutilmente atenúa sus huellas.

BodyArt es entretenida, llena de color, con música en vivo, rítmica desde su dinámica, divertida y sumamente empática. A decir verdad ¡sería extraño que algún espectador no se sintiera identificado con alguno de los pasajes que en ella suceden!

En esencia, una obra de desnudos y despersonalizaciones, de polarizaciones, rompimientos y vacíos desmembrados en rincones escondidos y manifiestos de la mente: El arte de la locura; el “amor” que enloquece; el hueco tapado que hiere para sentir, el vacío paradójico de la profundidad, la seguridad que abandona, el discípulo que se hace maestro; el maestro que se olvida la luz. Y la rueda que vuelve a empezar, transformada, como el arte mismo del amor.

Ficha técnica:

Actuaciones: Francisca Arriagada, Silvina Forquera y León Tendler.
Dirección: Diego Saege.
Dramaturgia: Sol Rodriguez Seoane.
Vestuario: Julieta Cabanes.
Composición musical: León Tendler.
Artista visual: Ailín Fernández.
Diseño de Iluminación: León Tendler.
Fotografía: Julieta Cabanes y Ailín Fernández.
Realización general: El Sí de los Locos.

1 y 2 - Del texto de este blog, "De formas teatrales emergentes

Juliana Dolores Biurrun




miércoles, 9 de agosto de 2017

Las miserias siguen siendo las mismas

Comentario sobre la obra teatral Solo por ella

Ambientada en los años ‘30, Solo por ella cuenta la historia ficcionada de las vivencias en un conventillo porteño tras la desaparición de Raquel Liberman*, inmigrante polaca que desnudó el ejercicio de la trata en  Argentina durante aquella época.

Bajo la interrogante de dónde está Raquel que se mantiene durante toda la trama, siete personajes conviven entre la realidad que les toca y la presunta falta de posibilidades con que los parió la vida. Hay quienes esperan y quienes sueñan, quienes desean lo ajeno y quienes depositan la felicidad en el futuro. También quienes especulan con esta felicidad y manifiestan entramados de grandeza. Están quienes parecieran inmutables, a quienes la miseria no los toca o no sienten su caricia. Y por supuesto también, aquellos que transcurren sus días sin más.

Es una producción con sello Feliziani, donde la fotografía de sus instantes mantiene la cadencia del teatro de imagen, característica en la que las situaciones de opresión parecieran traducirse en figuras donde el cuerpo se convierte en el instrumento principal.

Este sello se escabulle también en la poética de su dramaturgia colectiva, donde los retoques finales sobre la historia erigida en conjunto como producto de improvisaciones e investigación, exponen la metáfora de la contradicción y las vísceras esparcidas de la pasión como guía del proceso artístico.

En la puesta en escena de la obra mantiene fidelidad con los requerimientos de un teatro de época ambientado en los años 30. En esto el montaje y vestuario se suman a la música y puntos de tensión cortan no solamente entre segmentos de la historia, sino como sublimación de conflictos personales o entre partes que decantan rítmicamente y a su vez, en miserias que siguen siendo las mismas.

La presunta evolución de la sociedad tantísimas veces parece escabullirse o esconderse por las capas bajas de la piel. Los avances son evidentes y pueden cuantificarse, más no cualificarse en profundidad. Las contradicciones están a la orden del día y a pesar de que constitucionalmente las diversidades han adquirido cuantiosos derechos, y la apertura seguida por la deformación de preceptos antiguos pareciera expandirse cada vez con más fuerza; la realidad es que en el del cotidiano nos encontramos con micromachismos y macromachismos que se manifiestan sin mínimo reparo de época ni contexto. Se develan en actitudes ejercidas desde ellos hacia ellas, desde ellas hacia las demás y desde ellas hacia ellas mismas.  

Es así que las infelicidades de un grupo revelan como muestra poblacional lo que ocurría hace 90 años y paradójicamente cruza aún hoy. Sucede que tristemente, pasa el tiempo y más allá de las décadas ganadas y perdidas, las miserias siguen siendo las mismas.

Una obra de denuncia, que trae del pasado un presente en el que docenas de chicas están secuestradas en condición de esclavas sexuales, siendo sometidas a las mayores inhumanidades producto de la propia contaminación de la sociedad. Del alejamiento de lo real y la identificación como fortaleza entre los hombres de la mujer como objeto y propiedad, resultado asquerosamente del sistema patriarcal enraizado en la deformidad de valores y educación.

Es que las miserias siguen siendo las mismas y ante ellas, el arte una de sus mejores contrincantes. Utilizar los espacios artísticos para fortalecer y fertilizar un camino de vislumbre en la evolución social, es un grato excedente en los procesos que decantan los estados interiores y que conectan paradójicamente, con el costado más espiritual de las personas. Porque la abstracción en el momento de la creación, eso también es comunión de espíritu.

Ficha técnica:
- Dramaturgia colectiva.
- Dirección: Silvana Feliziani.
- Elenco: Darío Abreu, Marcelo Brunialtti, Ornella Cucchetti, Elida Nahuelcheo, Gladys Graciela Oses, Graciela Pareja, Mauricio Villar.
- Escenografía: Pablo Aguirre.
- Vestuario: José María Cobo.

­*Su denuncia desmanteló una red de proxenetas de la época y vislumbró el tenor prostibulario del Buenos Aires de los ‘30, donde cientos de inmigrantes llegaron al país huyendo de las miserias del coletazo bélico mundial, favorecidos por la apertura de los gobiernos latinoamericanos que fortalecían la política migratoria para dar rienda a la formación de las economías de mercado.

Juliana Dolores Biurrun