miércoles, 13 de junio de 2018

Desnudez


Cuando los tronquitos van por el río, a veces van juntos, a veces separados…

Animarse a sentir amor, no tener vergüenza de decirlo. ¿Cuántas personas pueden acusar pureza estricta en este campo? No me sorprende, son los daños letales y colaterales del conocimiento erróneo (y los llevamos todos). Resultantes del impuesto y persuadido a ser vivido, inyectado silencioso. Desapercibida incitación, distraída observación.

Erróneo como una cadena atada a lo tímido, al corazón contraído de vergüenza. Al complejo de no ser querido, o peor, la vergüenza de que te vean mirar, de que vean tu corazón quizás, que te vean el rojo desnudo.

Tergiversación de la desnudez y acarreo de su vergüenza. Inculcada insanidad.

Si el amor es desnudez, la vergüenza es desamor con uno mismo; restricción que debe su vida al conocimiento erróneo como la vergüenza. ¿Sería pecado entonces? Si, lo sería. Contra toda mala herencia cristiana, el término solo significa errar al blanco y no es sinónimo de tal inexistente infierno.

Camino a la elevada ecuanimidad, entonces, necesitaríamos resignificar la cuestión del decir, el hacer y sentir amor, básicamente de vivirlo. Transformar la idea romántica que la vida impregnó y que por alteración de vericuetos óseo mentales produce resquemores inconscientes, miedos autoinfundados, legado que viene de herencia y sin cuestionamiento primario o primordial.

Movimiento y desarmar, como bailando.

Toda la estructura se derriba paulatina, en sana rebelión, escupiendo los ladrillos huecos al suelo. Poco a poco se depura, transitando, dejando reventar sus granos. Clama entonces propiciar la selección natural del crecimiento zanahoria, el que crece para adentro y hacia el centro; el que hace que al de afuera, al conocimiento celofán, no le quede otra que explotar.

Ser volcán y ceniza, lluvia y evaporación.

Ser la esencia que trasciende la forma.

Y ser sin convenciones ni complejos, sin medios ni miedos, sin ladrillos ni separatividad, sin siquiera subjetividad.

Trascender la constricción de la construcción. Y así lograr que ames a todo y a todos, literalmente. A los animales, las plantas, a las piedras y el río. A quien no soportás, a quien la piel te irrita, a quien prejuzgás porque sí, porque estás acostumbrado, porque te resulta más fácil. A vos mismo cuando te menosprecies por ser un idiota.

Amar a todo porque te reconocés en ese todo y lo reconocés parte de vos. Amarlo sin restricción y honralo sin vergüenza.

Observá tus pensamientos, cuestioná tus acciones; no te quedes en la desarmonía mucho tiempo. No te guardes enojos, ni propios ni ajenos. Preguntate por qué hacés lo que hacés y por qué comés lo que comés en todas las acepciones de la palabra. Por qué pensás como lo hacés. Y por qué te definís estúpidamente con tanta tierra que te opaca el brillo.

Si sos el Todo y sos la dicha. Sos la armonía y eternidad. Sos la verdad y la belleza, el elixir de la existencia. Sos el conocimiento absoluto, el principio sin fin. La sustancia y trascendencia, la esencia de la ciencia.

Sos la imposible definición y el inútil intento.

Silenciate y nacé de nuevo, nacé otra vez en esta vida. Renacé la última, de una vida por todas al fin.

10 de febrero de 2018

Juliana Biurrun

1 comentario:

  1. Hola! Puedo acusar mi pureza en ese campo... quizas no sea estricta pero es pura. Es más, creo que la pureza carece de evaluación y calificación porque es eso: pureza.
    Me gusta la zanahoria rallada y con limón. El amor no lo digo; lo siento y lo vivo.
    Qué tiene de malo el romanticismo? Seamos más barrocos ó más vintageos ó más vanguardistas ó más todo y menos nada. Ó mejor aún más nada y menos todo!
    "Cuándo podrás amar sin tantos complejos?" le pregunta Germán a su hermana.
    Observo mis pensamientos y cuestiono mis acciones... lo de la armonía es un trabajo duro.
    A veces soy volcán y otras soy lluvia , elijo silenciarme.
    Linda reflexión Juli.
    Saludos!

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