No quiero morir desnudo: El trance de muñecos humanizados
Comentarios sobre la obra producida por el grupo Atacados... por el arte.
La capacidad de movilizar lo interno es lo que cualifica su ritual y los creadores de “No quiero morir desnudo” comprenden en profundidad esta condición. El grupo integrado por Jorge Onofri, Liliana Godoy, Dardo Sánchez y Silvina Vega en actuación; junto a César Brié en dirección y dramaturgia junto a Sebastián Fanello en asistencia, hizo de la unión de sus talentos una profunda apuesta interdisciplinaria y emocional. Se suman a este equipo Carina y Silvina Vega en Realización Plástica con refuerzo de Julieta Tabush; y Humberto Reynoso en Iluminación y Sonido. La producción general estuvo en manos de Atacados… por el arte.
La obra original fue escrita por
Onofri y en la instancia final fue convocado César Brié –destacado actor y uno
de los grandes directores de teatro latinoamericano- para que terminara de
amalgamarla. Él reside actualmente en Italia y se instaló durante un mes con el
elenco en La Caja Mágica (Cipolletti) para ensayar 14 horas por día de lunes a
lunes. Al cabo de un mes, el trabajo concluyó en la reescritura de la obra
entre Onofri y Brié, quien tomó de las historias personales de los actores un
enorme capital que incluyó en el material preexistente.
Con la vida y la muerte, el
principio y el fin como bases de su argumento, la obra cuenta la historia de un
grupo de ancianos en el atardecer de su vida. Transcurre en una sala geriátrica
en la que se muestra el cotidiano de los días allí, la interacción con médicos,
enfermeros, familiares y las existencialidades que emergen en ese contexto. Muestra
a ocho personajes en escena, cuatro títeres y cuatro actores que los manipulan
y a la vez, encarnan distintos roles que dan a la historia la potencialidad de
desarrollarse en una cantidad incontable de giros narrativos.
Humanos y muñecos se presentan en
el mismo nivel actoral, lo que potencia la horizontalidad del protagonismo y
revaloriza al teatro de títeres mientras jerarquiza al muñeco como objeto
actor. En consecuencia, las marionetas manifiestan personalidades claramente
diferenciadas y en esa interacción, lo único de raíz que las identifica es la
ancianidad y los conflictos que de allí derivan. El miedo a la muerte, el apego
a la vida, el arrepentimiento, el qué hubiera sido de si… las angustias, el
desarraigo, el temor a la soledad y la turbación de encontrarse consigo mismo,
son algunos de los estadios donde se unen los personajes.
Esto que identifica a los
ancianos es el hilo que atraviesa a la inmensa mayoría de mortales. Sucede que
el apego a la vida es la mayor de las aflicciones humanas y el abrojo más
fuerte que se prende a la tierra. El sujeto terrenal nunca estará preparado
para desprenderse y ni siquiera los seres más sabios lo resuelven completamente
en este curso porque, lo que es el mayor apego es además el mayor dolor.
En esta construcción se observa
también un teatro de imágenes en el que la problemática personal e
intrapersonal que atraviesa la historia, es tratada colectivamente y convierte
al espectador en sujeto activo cuando lo lleva a reflexionar sobre su pasado,
presente y el único futuro común.
En esta propuesta de drama, el
juego y el humor se pliegan como una trenza. El optimismo se camufla en su
dramaturgia y evoca como sabor en final de boca, la importancia y el valor de
animarse a volar, de no detenerse ni abatirse, de no vivir en las ataduras y de
atreverse al viaje. En concordancia, la historia guarda pasajes sumamente
alegres que parecen unir el final de la línea de la vida con su principio: La
ancianidad y la esencia lúdica de su niñez.
La obra es también una instancia
de denuncia sobre la violencia en los geriátricos y los pesares de la
longevidad. Retrata el abandono y la soledad de la vejez, la prisión
indeclinable en los secretos del pasado familiar; la venganza y los sucesos que
llevan a cada uno a ser lo que es. Evoca entre sus aristas a la sexualidad como
una de las pulsiones que perduran hasta el fin.
El simbolismo de este pasaje
puede perderse en su veta cómica, pero en profundidad remite con su presencia a
la permanencia de la energía más poderosa del universo que con su latido,
inicia el movimiento del estímulo creador y refuerza la percepción
circular y esperanzadora de que el final no es más que el principio y que la
vejez es el paso previo para continuar con el ciclo.

El trabajo sobre la construcción
de los títeres y su manipulación merecen una observación aparte. En primer
lugar, recrean fielmente la posible ancianidad de cada actor y expresan
gráficamente los temperamentos de cada personaje. Estos muñecos que parecen
hechos a medida, fueron el resultado de tres años de trabajo y están
minuciosamente elaborados, dada la complejidad de su mecanismo de
funcionamiento. Por otro lado, la expresividad de estas marionetas fuertemente
humanizadas, recrea la impronta de las personalidades en sus estéticas,
mientras que las texturas de sus cuerpos mantienen una estrecha fidelidad con
la transformación de las personas hacia la vejez.
Finalmente, el manejo escénico de los actores
lleva al público hacia estados de trance en los que se absorbe mientras los
muñecos toman vida. Humanos y marionetas se vuelven uno en movimiento, voz y
expresividad. El instante se hace burbuja que todo lo envuelve y donde la
fantasía se hace realidad en la virtud de cuatro actores que, bajo la dirección
del maestro Brié, conciben desde sus miradas la columna vertebral en esta historia
y la batuta en su despliegue orquestal.
Juliana Dolores Biurrun
linda mirada... redondita construccion...
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarFantástico relato, hermosa obra. De ellos vi "Sabes silbar?" y fue impecable. Un equipo que surfea en el escenario de esta forma merecía una descripción tan rica y acertada como esta. Siempre enriquecedores sus textos, la cultura agradece.
ResponderEliminary que me dice, vamos a conquistar el mundo?