Hiperrrealismo
Era viernes, ya sábado. La mala sensación de ver una
obra de teatro fea había sido opacada por las bondades del ajo y la bebida
artesanal. Estaban en el auto y sonaba una canción que se escuchaba mal por
el parlante maltrecho. El humo que expulsaban sus pulmones formaba un submarino insoportable
que apenas las dejaba respirar. Entre el vapor y el encierro, la espesura del suspiro colocó a sus cerebros en una hilera de incoherencias que terminó en un juego de golpes al cuerpo sutil.
- Eran días difíciles. Extrañar ya dolía en el cuerpo y
hasta le daba migraña. Cada noche, su garganta desarrollaba nudos y tragaba
llantos de silencio cuando sus pies fríos se escondían en la sábana -.

La piel se le llenó de latigazos. No volvería a sentir sus
besos ni el ancho de su espalda entre los brazos. Ni su forma en su forma, el
sabor del calor en su boca. Nunca más olería su
aliento ni lo escucharía preguntarle en la cama, al despertar, qué hacía una
chica tan linda con un negro tan feo. Nunca más se reiría al responderle que
era un tonto por decir así.
Despiadado sería el mundo que la alejara de su
existencia. Ese mundo sabe que no podría respirar en el vacío de su voz.
- ¿Darías tu vida por mí?
- Sí.
- …………………………………. Yo también. Y nos encontraríamos en un
rato, lo que tarde en morir desde tu ausencia.
Juliana Biurrun
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