Y entonces recordé (parte II)

Que el orgullo lastima.
Que el ego aleja.
Que la impulsividad es paradójica: Es honesta pero también nociva. Es emocional pero opaca la inteligencia.
Que en el afán de hacer las cosas bien, se pueden hacer muy mal.
Que pagar con la misma moneda duele más que cobrarla.
Que aunque recuerdes el camino, hay lugares de donde no se vuelve.
Que las palabras son como espadas: Cortan lazos y agujerean el corazón.
Que la emoción manifiesta en el cuerpo es más fuerte que la razón.
Que la seguridad es firme hasta que te doblan la rodilla desde atrás.
Que comprendo las relaciones libres solo en el verbo.
Que salir volando siempre queremos hacerlo todos.
Que tengo que cortar con mis hábitos nocturnos.
Que a veces soy débil.
Que a veces necesito que me abracen fuerte.
Que el corazón me late rápido.
Que mis pensamientos son más veloces que mis pies.
Que soy más de lo que las palabras dicen.
Que no me detengo donde no me quieren.
Que la empatía es el arte de unos pocos.
Que potenciar las nimiedades es una cualidad de muchos.
Que el eje fuera de control es vulnerable y peligroso.
Que lo óptimo de la sinceridad es finito y contradictorio.
Que querer con honestidad no garantiza la victoria.
Que el que no abandona no siempre tiene premio.
Que agradezco a la gente fea cuando me recuerda lo fea que puede la gente ser.
Que un papelón lo puede vivir cualquiera.
Que juzgar por un bochorno es de corta visión. 
Que justificar la distancia en el ridículo es un acto de cobardía.
Que los mensajes ambiguos solo destruyen.
Que los vínculos no se alimentan por las redes.
Que toda acción tiene consecuencias.
Que la vida es una sucesión de elecciones. 
Que quien quiere lo demuestra.
Que quien no quiere también.
Que la única verdad es la que se escucha en el silencio.
Que el amor falso corroe la psiquis.
Que lo que crece rápido si alguna vez cae, lo hace con más fuerza.
Que al final solo se sostiene el propio círculo.
Que el caos enferma y el equilibrio sana.
Que la bondad espera y perdona.
Que quien no perdona nunca quiso.
Que los puentes colgantes solo subsisten en Babilonia.
Que los opuestos no se atraen, más bien se repelen.
Que lo exótico también intoxica.
Que por ahí ya estuve, ¿quién no?
Y que de ahí ya me fui.

Juliana


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