viernes, 22 de noviembre de 2013

Mujer fuerte

Ser una mujer fuerte no es tarea sencilla, por eso es que admiramos tanto a quienes lo son. Por eso es que hoy, en estos días de bisagra, los siglos y milenios de desventaja que sufrieron nuestros féminos ancestros, perecen al renacido poder infinito del vientre.


El poder femenino es fuerte como las mareas que agitan los mares y sucumben a las ciclotimias de la luna. Nada le pasa desapercibido. Todo se aloja en las redes de su memoria que se entrecruza en historias escritas de sueños, decretos e intuición. Sagrada intuición.

Las mujeres florecemos sabias cuando escuchamos el sonido de la piel que nos cubre el pecho. Somos fuertes y mucho; esto lo reafirma el umbral de dolor que podemos soportar y por el que fuimos creadas con la capacidad de parir. 

Una vez dijeron que una mujer inteligente podía conquistar el mundo, pero una conciente de su poder es invencible. Invencible ante la envidia de otros seres que no se descubrieron; a quienes la miden con mandatos heredados; a sentimientos contradictorios de soledad y frente a quienes le dicen que no puede. Invencible a la ira por impotencia; a los pensamientos negativos que se expanden como vibración que late. Invencible a las montañas de cuatro mil metros y a los acantilados de cien.

Por este agraciado poder es que cuando las mujeres nos reunimos, los rayos iluminan el cielo y los duendes de la algarabía invaden la habitación. De repente sucede y un remolino de energía se nutre con el aire transformado en viento y cambio, ese que se activa mientras cantamos al unísono las verdades de nuestras almas y cuerpos marcados.

La ficción se vuelve realidad cuando esta voz nos dice ¡despertate! Que sos el fruto de la Madre Tierra, crecido de la semilla mágica que sembró el universo cuando observó desde el infinito, que el planeta vibraba en femenino y celeste radiante, repleto de agua en movimiento como el vientre y su ambiente ideal, ese que parece de otro mundo, donde la conciencia prematura se pregunta si existirá nueva vida tras ese estado de absoluta perfección.

Dedicado a todas ellas que ya lo saben.
Juli.


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