Mujer fuerte
Ser una mujer fuerte no es tarea sencilla, por eso es que
admiramos tanto a quienes lo son. Por eso es que hoy, en estos días de bisagra,
los siglos y milenios de desventaja que sufrieron nuestros féminos ancestros,
perecen al renacido poder infinito del vientre.
El poder femenino es fuerte como las mareas que agitan los mares y
sucumben a las ciclotimias de la luna. Nada le pasa desapercibido. Todo se
aloja en las redes de su memoria que se entrecruza en historias escritas de
sueños, decretos e intuición. Sagrada intuición.
Las mujeres florecemos sabias cuando escuchamos el sonido de la
piel que nos cubre el pecho. Somos fuertes y mucho; esto lo reafirma el umbral
de dolor que podemos soportar y por el que fuimos creadas con la capacidad
de parir.
Una vez dijeron que una mujer inteligente podía conquistar el
mundo, pero una conciente de su poder es invencible. Invencible ante la envidia
de otros seres que no se descubrieron; a quienes la miden con mandatos
heredados; a sentimientos contradictorios de soledad y frente a quienes le
dicen que no puede. Invencible a la ira por impotencia; a los pensamientos
negativos que se expanden como vibración que late. Invencible a las montañas de
cuatro mil metros y a los acantilados de cien.

La ficción se vuelve realidad cuando esta voz nos dice
¡despertate! Que sos el fruto de la Madre Tierra, crecido de la semilla mágica
que sembró el universo cuando observó desde el infinito, que el planeta vibraba
en femenino y celeste radiante, repleto de agua en movimiento como el vientre y
su ambiente ideal, ese que parece de otro mundo, donde la conciencia prematura se pregunta si existirá nueva vida tras ese estado de absoluta perfección.
Dedicado a todas ellas que ya lo saben.
Juli.
Comentarios
Publicar un comentario