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Sobre la paciencia

Familia, amigos, trabajo, pareja; relaciones personales y vínculos afectivos. En todos los ámbitos se pone en práctica la paciencia, en la conciencia de saber que cada uno tiene su propio proceso y tiempos subjetivos para asimilar una situación, abrir la cabeza, entender o perdonar.

La paciencia es el límite que se corre, el elástico que se estira, la calza que se amolda, el amortiguador que repara el golpe. Ella se erige entre el orgullo y el amor propio. Se mezcla con la necesidad de medirla según el ambiente y su nivel de calma depende del corrimiento que haya entre la capacidad de soportar y el derrape ante el propio ofuscamiento.

La paciencia es el ejercicio de repensar situaciones y evaluar el mérito de tolerancia ante lo que sucede en frente. Templanza versus temperamento; reacción sanguínea contra las cuentas hasta cien. Una práctica que se perfecciona y nos perfecciona cuando crecemos con ella.

La comprensión de la no espera fortifica la paciencia y escribe en pancartas para los ojos de adentro, que la mirada propia se restringe hasta donde empiecen las relatividades de los demás. 

Cada uno actúa como puede, como le sale. Por eso nunca esperes que los terceros entiendan lo mismo que vos, ni que traten de comprender tus palabras o la obsesión que te revienta por entender un poco más.

No esperes que los demás piensen cada conjunto de letras con la multiplicidad de significados que le podes dar ni la variedad de resabios inconscientes que podes encontrar.

No esperes que no se endurezcan, si con sólo un par de sílabas dichas descubriste lo que no te querían contar. Tampoco esperes que sean analíticos como vos, ni que sientan con tu sensibilidad o a tu manera. No esperes que siquiera se acerquen a la posibilidad de entender la bruma que rodea el pensamiento.

Y en esa no espera los límites se estiran, sólo porque se entiende. Así sin darse cuenta, cada uno se convierte en un elástico fuerte y adaptable; dócil, servicial. Cuando llega a su límite se transforma en cable tensión y lo que se le pare encima es susceptible de ser disparado por el impacto de rigidez.

Dicen que el que espera es recompensado y que es de sabios hacerlo. Pero la paciencia es una virtud amorosa y finita; capaz de romperse y no apta para especulaciones.
Hasta la próxima!
Juli Biurrún


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