El mensaje de las ninfas


La melodía que resuena en el cosmos

La carretera estaba oscura y en el techo se veían diez mil estrellas. La octava luna en cuatro menguante parecía un hilo curvo que cedía todo el protagonismo a sus hermanas del cielo.

El velocímetro pisaba el número cien y los árboles del costado armaban un puente de sucesivas hojas negras. El camino era recto y las líneas discontinuas de la ruta acusaban ninguna curva cerca.

El viaje llevaba varias horas y la noche estaba plena. Abel estaba cansado. Con entusiasmo inyectaba su voluntad pero los párpados le pesaban y la tentación de mirar hacia atrás para recostarse, se enardecía cuanto más pasaban los kilómetros. Fue así que decidió estacionar al costado y descansar hasta el amanecer.

En el medio de su sueño unas criaturas etéreas y para cualquiera, imaginarias, se hicieron milímetros y entraron en su auto. Lo abrieron y lentamente lo elevaron para sacarlo por la ventana. Él estaba tan sedado que no sintió la mínima brisa.

Eran ninfas de la naturaleza, cuatro espíritus femeninos que lo tomaron por cada extremidad y lo secuestraron hacia el corazón del bosque. Desde la tierra, el agua y los árboles, flotaron hasta la carretera imantadas por la música que sintieron nacer desde un latido capaz de inundarse en sangre.

Ellas buscaban un ser de bondad capaz de canalizar el mensaje de las luces para derramar entre los humanos. Para ser el medio, él debía alcanzar un estado de conciencia plena sobre el amor, el dolor y las relatividades de la verdad; sumergirse en el pragmatismo absoluto y el espacio del no tiempo, mundo donde gobiernan las emociones y las pieles se destellan en almas que vibran a frecuencias intensas.

La primera lección para aprehender sería la empatía a través del dolor. Un viaje por su memoria para re encarnizar amores perdidos y amistades olvidadas; los traumas de la infancia y el primer quiebre de su fémur durante la primaria de un verano infernal. Todos los altibajos de su vida juntos en un mismo trago, para aglutinar de una vez el nivel máximo de sufrimiento que su presente podía soportar. Pero la prueba más grande sería de amor, lo que cambia la sangre antes que las madres, las mascotas y el dolor. Ahí radica el mensaje del cielo.

El canto que recitan estas féminas dice que la bondad es el don supremo que marca la diferencia en el mundo, como raíz de la eterna contradicción que lo mantiene en movimiento. Y que el amor es el derrame de la ternura del alma y el dejavú que corre por los huesos cuando un ser descubre, desde lo más profundo de su centro, que ese sentimiento fue el norte de todas sus vidas para acercarse a la luz.

Cuando las ninfas sacaron a Abel desde el interior de su auto y lo llevaron hasta el corazón del bosque, sabían que el camino por adelante sería de expresa ímpetu para él y de alegrías eternas para ellas. Sus 200 años en la tierra estaban por cumplirse y para volverse guías del cielo, necesitaban encontrar al emisario capaz de derramar la música que resuena en el cosmos, hace eco entre las estrellas y se traslada por el polvo cósmico del no tiempo universal.

La conclusión de su ciclo en esta orbe sería el inicio del principio en seres terrenales que escuchen el llamado de Abel, ahora el mensajero y enlazador del mundo natural espiritual con el de las bondades innatas, olvidadas por las relatividades en las intenciones de acción. Esa elevación de las ninfas y la vuelta a la esencia más pura de la humanidad derramada en amor, sería el inicio de la nueva era. 

Feliz 2013! Que la bondad los inunde y que lo mejor del año que se va, sea lo peor del que viene!

Hasta el próximo ciclo.

Con cariño, en cada palabra que escribo.
Juli, también conocida como Yulais :).

Comentarios

  1. Muy bueno Juli. Creer es Crear.
    Jb.

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  2. Yo quiero que me secuestren las ninfas! jaja muy bueno Juli!

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