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Sleeping on the desk


     Todos la identificaban por su torpeza y distracciones constantes. Era común escucharla gritar por un golpe de su cadera contra el escritorio o por el agua del mate derramada entre sus papeles. Siempre llegaba tarde. Era la última en aparecer y la última en irse. Siempre fue una periodista tan dedicada como impuntual.

     Ese martes 23 de agosto su compañero Sarmiento la encontró desparramada sobre la PC, con su pelo enrulado revuelto y desprolijo. Le llamó la atención porque lo que tenía de torpe y distraída, lo tenía de pituca y coqueta. Pensó que estaba dormida, ella siempre tenía sueño. La miró y se rió, imaginó que se había caído de la cama para llegar temprano y no había soportado la puntualidad. 

     Las horas de la mañana pasaron. Se hicieron las diez. La tribu de la oficina de redacción ya estaba completa. Todos la habían visto dormir con el pelo revuelto y habían compartido el pensamiento sobre su irresponsabilidad constante. ¿A quién se le ocurriría dormir en la oficina con la Ministra ya en el despacho y lista para acribillar a su equipo de prensa? Si había alguien capaz, era ella.

     Sus compañeros comenzaron a irritarse. Le soportaban todas las mañas pero esa mañana no toleraron el abuso de su cara de piedra. El mismo Sarmiento se levantó de la silla y ofuscado le sacudió los hombros. Seguía sin despertar. Por un segundo pensaron en que quizás no estaba dormida y había que agitarla más. Cuando la tomó del torso para darla vuelta, descubrió su cuello morado y con cortes de presión. Sus ojos estaban perdidos y las ojeras le tapaban los pómulos. Automáticamente la desplomó con fuerza sobre el escritorio.

     La tarde noche anterior mientras cumplía sus horas laborales, un compañero de la misma institución entró a su oficina para tomar un café. Ella lo recibió, le dijo que se quede cuanto quiera porque había llegado tarde y tenía que completar el tiempo. El café que le convidó su colega tenía algo raro y le dio sueño, más de lo normal. De a poco empezó a desvanecerse, estaba débil y sin reacción. Su visión se volvió monocroma.

     Él la tomó desde atrás, primero con las manos. Ella no podía defenderse. Fue cuando agitó las piernas y enganchó el cable del mouse hasta el suelo. Después le rodeó el cuello con un alambre que había encontrado en el césped del patio. Y la apretó tanto que le dibujó una circunferencia de hematomas en su cabeza sostén. Ella seguía sin poderse defender. Y apretó tanto que le cortó la piel, hasta que hizo tanta fuerza que la dejó sin aire. Desde que terminó su café, no se pudo volver a defender. 

Foto, modelo y maquillaje: Andrea Jara.Visiten su blog, tiene trabajos increíbles: www.luzysombrasmakeup.blogspot.com.ar


Hasta pronto!!
Yuls

Comentarios

  1. Muy bueno. un pequeño thriller! atrapa y lo sostenés bien hasta el final. Muy bueno, Juliana..

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