lunes, 30 de julio de 2012

La historia como parodia: La gestión Quiroga volvió a tapar el anfiteatro

A mediados de abril de 2012 el intendente de la ciudad de Neuquén, Horacio Pechi Quiroga, conocido popularmente como “el Pichi que roba”, ordenó a sus vasallos tapar con escombros el anfiteatro de la ciudad. Es un lugar histórico y cultural conocido según cada voz, por ser un “meadero público-comunitario” o un espacio de reproducción para actividades culturales, como recitales, presentaciones de murgas, actuaciones circenses y lugar de ensayo para artistas de disciplinas varias. Lo hizo sin consulta previa una noche de domingo para la madrugada del lunes.

Desde su perspectiva fascista y acción provocadora, consideró que debía ser tapado para parecer más pro, menos hippie, y destinarlo al armado de un espacio verde (que más tarde se supo que en realidad serían metros y metros de cemento para un estacionamiento). Sólo más cantidad de caliza fría y dura, para ser pisada una y otra vez por autos cada vez más invasivos, que escupen polución y en su sobreabundancia, entorpecen la circulación entre los peatones y quienes manejan.

Imagen extraída del grupo de Facebook  "Recuperemos el anfiteatro del Parque Central" 
El “Pichi que roba” pecó de ignorante y autoritario, grosos deslices para quien pretende conducir una ciudad en vida democrática y con apoyo popular. Ni bien se reinició el movimiento semanal de aquel lunes que escarchaba las mechas, un indignado agitador inauguró vía Facebook un fogoneo sin precedentes. Inició una  campaña de convocatoria por la web para reunir a artistas, vecinos, vecinas y cualquiera que quisiera acercarse, para levantar los escombros y destapar la cultura que había sido enterrada.

Grata sorpresa se llevó cuando docenas de vecinos se reunieron en el parque con palas y guantes para darle manija al asunto. A poco menos de un mes de laburo sin horario, temperaturas bajo cero y noches de vigilia, sacaron en medio de una fiesta el último escombro que reposaba en la superficie del Anfiteatro Gato Negro, denominado así porque en pleno trabajo de quita, un felino oscuro como la parca escapó asustado desde el fondo. La cultura no fue lo único que se tapó ese día.

Otra cosa que no tuvieron en cuenta “Pichi” y sus seguidores, fue que el trabajo de desentierro fortaleció al grupo humano que trabajó en él. Sin saberlo, prendió una antorcha enorme de inspiración y comunión para generar a partir de la reacción colectiva. Como los indignados de España, este grupo de artistas y vecinos autoconvocados se reunieron para protestar desde la acción contra quienes minimizaron el poder sociocultural e ignoraron la capacidad del conjunto.

Todo surgió a partir del movimiento en las redes sociales. En ello se destaca el pecado de ignorancia que impregnó a este dirigente que quien escribe no votó - ni tampoco la mayoría de los neuquinos - como dicen los justificadores de siempre. Pecó de ignorancia porque no tuvo siquiera en cuenta el poder de convocatoria de las masas y la influencia de las redes cuando un objetivo común se agita entre los inquietos.

Desde que se inició aquel movimiento hasta el día de la fecha, se hicieron numerosas actividades culturales para promover el agite en el lugar y demostrarle a los autoritarios de turno, que ese no era un meadero público y que con un poco de gestión, podía activarse como espacio de expresión para quienes buscan modos alternativos de vida a partir de la producción artística.

Hoy, lunes 30 de julio con no sé cuántos grados bajo cero, las redes sociales y los periódicos amanecieron con la noticia: "El Ejecutivo Municipal volvió a tapar el anfiteatro". ¡¿Qué diablos coño?! Después de toda la energía movilizadora durante el primer destape, repiten la historia como una parodia grotesca de ignorancia y subestimación. ¿Dónde está la cabeza de este señor? Dónde, no sabemos. Lo que sí sabemos es que está cegada y cerrada. La de él y sus asesores, funcionarios, concejales y pichichos del Pichi líder que apoyaron su moción.

El anfiteatro fue tapado y desenterrado una vez. El agite se reinició con bronca e impotencia pero con fuerza y optimismo, incluso como segunda oportunidad para quienes durante abril no se involucraron en el desentierro. Y, aunque las autoridades ahora presenten un plano very biutiful sobre el espacio en el que se convertirá el lugar, las acciones sobre el “anfi” trascendieron a lo estructural de velar por su desentierro y se volvieron identidad en la cultura neuquina. No importa cuántas planificaciones proyecten, ni todas las piedras juntas del Limay van a alcanzar para taparla.

Hasta la próxima!
Juliana Biurrún

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