Kapanga en Meet: Perder la cordura y morir de locura

Crónica del recital kapanguero.
Publicado en www.comahuerock.com.ar

         Nos bajamos del Koko y tras una revisión exhaustiva de las chicas de Seguridad nos recibió la primera canción. Eran las 21:30 en punto, felizmente habíamos llegado temprano porque a las doce la carroza se convertía en calabaza y se cortaba todo (por la veda electoral). En principio pensamos que la limitante de tiempo iba a perjudicar el evento, pero al contrario, presumo que terminó por beneficiarlo en completo. “Si después no se puede hacer nada y queremos pasar un buen rato, ¡Vamos todos a bailar con Kapanga!”. Y explotó el boliche de lado cipolleño del puente.

Ellos convierten cada presentación en una oda a la fiesta. El Mono y su baile parrandero hacen mover y saltar a toda la pista junta y apretada, sin importarle nada. Los sentimientos se vuelven intensos y logran que cada pibe que canta entusiasmadísimo se identifique hasta las tripas con la banda que toca en frente. Porque Kapanga es así, sencilla, desfachatada, de tip@ común y chic@ de barrio, de lenguaje de calle y costumbre de pizza, birra y faso.


Era 14 de agosto, estaban elecciones primarias obligatorias (al otro día había que ir a votar) y el Mono no se olvidó. En un llamado a la conciencia colectiva comentó que algún candidato iba a tener quince votos menos porque la banda y sus ayudantes planeaban estar en ruta. “Pero nosotros ya tenemos a nuestro candidato, se llama ¡Ramón!”, y se armó el quilombo. Una mecha popular se encendió para apoyarlo con entusiasmo, ¡esto es patria, carajo!

También contó que ese día había almorzado en Bambú y que a la vuelta se puso “chino como los chinos” para dormir la siesta bien relajado. Tanto lo hizo que se metió cama desde las 14 hasta 20, justo para levantarse, cambiarse, fumarse otro y arrancar a tocar. Y así habló varias veces sobre los chinos y el faso, mientras que nosotros desde abajo nos descostillábamos de la risa con tanta huevada junta.

Los secuaces kapangueros recordaron que esa noche era también de cumpleaños, porque estaba dentro del año número quince de su carrera y bajo esa premisa repartieron los clásicos durante todo el show: “Bailarín asesino”, “El mono relojero”, “Fumar”, “Rock”, “Me mata”, “Yo quiero estar con vos”, “Agujita de oro”, “Cecator el borracho”, “Una nube” y no recuerdo cuántos más.

Fue un recital súper divertido y con la gente prendida fuego. El sonido era por momentos como una piña en el oído y otras veces sonaba bien, pero no lo suficiente para destacar como atributo de la noche. La banda es impecable, el bajista un zarpado, el violero canta divino, y el Mono… el ¡Mono es el Mono!, el alma de la fiesta.

Con onda y humildad pasó la banda que poco seguido produce fechas de este tipo, sino que el mayor caudal de sus presentaciones se concentra en fiestas y eventos, por ende, el público está poco acostumbrado a pagar para verlos. Conscientes de eso, agradecieron varias veces el haber comprado las entradas y aseguraron que el éxito de una organización así depende casi en igual medida de ambas partes (banda – público). Ese fue el mensaje que dieron para coronar un sábado sin trasnoche en lugares céntricos, pero con muchas fiestas que, seguramente, siguieron puertas adentro.        

¡Hasta la próxima!   

Juliana D. Biurrún
Foto de Martín Menart

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