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Ni putas ni chorros

Este es el panorama y todo sucedió en Neuquén: Ayer lunes prendí la radio y escuché que habían asaltado y violado a una taxista en la meseta de Centenario. El viernes a la noche, sábado a la madrugada, mataron  a su colega Rogelio San Miguel de 59 años para robarle unos pesos. A sangre fría lo degollaron, le clavaron un cuchillo en el cuello. 


Esa noche estaba para variar de recital y cuando quise volver no aparecía ni un coche amarillo por la calle. Me cansé de esperar y cambiar de esquinas. Llamé a varias estaciones pero me decían que no estaban trabajando. ¿Qué caraxo estaba pasando? Hasta que un amigo me contó que por el barrio Don Bosco un tachero había activado la señal de emergencia pero cuando llegaron lo encontraron muerto y bañado en sangre. ¿Cómo iba a pretender entonces encontrar algún móvil? Mientras volvía me encontré con un montón de compañeros amarillos cortando la calle de la Terminal e impidiendo la salida del maléfico Indalo. Hubiera dado cualquier cosa por tener una cámara a mano para acompañar estas palabras con una imagen propia.

La noticia salió en la televisión regional dos días después. En los canales de acá no se trabaja los fines de semana, al parecer no hay presupuesto para pagar horas los domingos... entonces el lunes bombardearon con toda la data junta. Primero lo encuentro al director de Delitos de la Policía de Neuquén, el señor Gerardo Escobar, diciendo que se presumía que los autores del crimen de Rogelio habrían sido menores, esa era la pista más fuerte. Pasaron un par de minutos y otra pálida, “asesinaron a un joven en el oeste, le dispararon cuando circulaba en moto”. Enseguida nos vamos un poco más lejos - “mataron a un menor en Chos Malal, tenía quince años y murió en una pelea” - pero sin perder el tiempo volvemos al barrio: “Brutal robo en la zona del Heller, una mujer perdió el bazo tras una violenta golpiza”. Todo esto en apenas media hora y por el mismo canal. Si recorro los de semanas anteriores tengo una lista larguísima de hechos para sumar, y no escribo nada nuevo... todos los días hay noticias horribles de robos, asesinatos y peleas.


De repente mirar televisión se convirtió en una tarea insalubre, pero no como mirar a Tinelli y los montones de cul*s al aire que legitiman su programa espantoso. Se volvió una tarea insalubre mental y espiritualmente. En caso de existir algo de sensibilidad, hace mal a la cabeza recibir tantas pálidas juntas y enterarse que día a día muere un pibe más porque otro le pegó un tiro, o que una chica nueva desapareció y se presume que se la habría llevado una red de trata o, en otro orden de cosas, que secuestraron dos toneladas de marihuana producto del narcotráfico. Despenalícenla y permitan el autocultivo, así van a ahorrar montones de vidas y recursos en una guerra inútil. Pero ese es oootro tema, acá empezamos por otra cuestión.

Cómo no vivir en la paranoia si desde los medios nos bombardean con un mundo que parece la interna de Alcatraz. Ningún pibe nace para chorro y ninguna mujer nace para puta. Estamos desfasados en pensar que una mujer elije la humillación de su propio cuerpo y el sometimiento a la perversión ajena porque eso la “hace feliz”. La propia sociedad y el sistema laboral las discriminan al cerrarle las puertas por prejuzgarlas de sidóticas y perdidas. No se puede plantear que todas estén “cómodas” con la situación, quizás haya algunas que sí, pero me animo a decir que son las menos. Y en caso de que sea una elección de vida y lo sostengan como actividad dignificadora, es una decisión libre y desde el Estado se debería bregar para resguardar sus garantías, entiéndase por esto la entrega de un seguro médico, libreta sanitaria y demás derechos de los que goza cualquier trabajador en situación de regularidad.


El mundo está desquiciado. ¿Un pibe de 14 años tiene que ir preso por cometer un ilícito? ¡No! Un pibe de 14 años no tiene por qué cometerlo porque su problema se tiene que atacar antes. El género humano no es inocente y la sociedad termina de corromperlo. Pero es educable, completamente adaptable a los códigos de convivencia si es formado desde pequeño y con las necesidades básicas satisfechas. Recordemos... vivienda, comida, vestimenta, educación. Es tan fundamental como el materialismo histórico de Marx, es materialismo porque para pensar en cualquier progreso y adquisición primero hay que contar con lo básico, y es histórico porque sucedió y sucederá durante todos los tiempos. ¿Cómo proyectar cualquier cosa si primero no tenés para comer? ¿Cómo pensar en salir a trabajar si no tenés para vestirte? ¿Y cómo estos jóvenes “delincuentes” no van a terminar como tal, si se criaron viendo a sus viejos vivir de la caridad ajena o siendo amigos de lo ajeno de vez en cuando? En ese contexto sus valores sociales terminan de armarse totalmente distorsionados por una realidad cerrada en el mundo alterado que los crió.

No pretendo defenderlos, muy por el contrario, intento entenderlos. Y cada día que pasa me convenzo más de que encerrarlos para sacarlos de un mundo hostil e insertarlos en otro más hostil todavía no es la solución. Suena trillado, pero hay que atacar las causas y no las consecuencias, a la inversa no funciona. 

Mientras eso no suceda, nos vamos a seguir encontrando en las noticias con taxistas muertos y asaltos con armas blancas, porque el problema no es la inseguridad. El problema es el hambre, las carencias, la desocupación, la falta de educación y futuro. El problema es el mañana que no importa, el “sinvalor” por la vida propia y ajena, el pensamiento de que un día puede venir uno más jodido que yo y matarme primero... entonces me adelanto.

La sociedad está desquiciada y el mundo más lleno pero paradójicamente más vacío. Yo no quiero a la gente infeliz porque no le alcanza para llegar a fin de mes. No quiero a la gente frustrada porque entre tantos caminos no encuentra el suyo. No quiero formar parte de eso, no lo quiero para mí ni para nadie.
 

Pero como siempre digo, elijo ser optimista porque en la actitud está el cambio. Soy utópica e ingenua, tal vez sean mis principales defectos o mis mejores virtudes, pero elijo ser optimista para que en ese chico perdido se pueda salvar algo. Elijo ser optimista para que ese taxista vaya sin miedo a buscar un pasajero al San Lorenzo. Elijo ser optimista para que esa mujer que elija el sexo laboral lo haga por decisión propia y no por salida forzada. Elijo ser optimista para que no metan a más pibes en cana por sembrar a Mary Jane. Elijo ser optimista porque a pesar de la porquería que vemos todos los días todavía queda la parte del vaso medio lleno. Elijo ser optimista porque prefiero ser ingenua a resignada y conformista, sin visión de que las cosas pueden cambiar si cada uno hace lo que debe desde su lugar. 

¡Hasta la próxima!

Juliana D. Biurrún
           

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