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La voz femenina del rock nacional brilló en el Español

Testigo, protagonista y sobreviviente de esta historia, desplegó todo su carisma e impactó al público sin edad que colmó la sala.


La cantautora Fabiana Cantilo se presentó el viernes 22 en el Cine Teatro Español. Después de tres años, volvió a la región no para promocionar un disco en particular, sino para hacer un popurrí de toda su carrera, con énfasis en sus trabajos “Hija del rigor” (2007), “Información Celeste” (2002) y “¿De qué se ríen?” (1998), material de composición propia y casi autobiográfico. A ellos se les sumaron los clásicos de homenaje al rock nacional y los infaltables hits con los que hizo cantar y bailar a la sala entera.

La artista que hace un tiempo aparecía en los medios por su relación con las drogas y los arrebatos de su personalidad ciclotímica y pasional, pareció quedó atrás. Con una esencia renovada, irrumpió en el escenario a los saltos y avasallante, corriendo y bailando de punta a punta, enfundada en un vestido a la rodilla color gris topo brillante, con la espalda descubierta, escote, licras negras y stilettos (zapatos en punta y con taco aguja). Estaba hermosa, sus 52 años pasaban desapercibidos para cualquier desinformado, despertaban la envidia de sus “colegas generacionales” y a las jóvenes nos hacía replantearnos nuestras rutinas de ejercicios (si es que las tuviéramos), en función del estado carnal en que nos gustaría llegar a la quinta década.


          Arrancó con “Obelisco”, el hit súper rockero de “Hija del rigor”, para seguir con “Pupilas lejanas”, el clásico de Los Pericos que versionó para su último disco homenaje al rock nacional, “En la vereda del sol”. De entrada la gente ya estaba al palo y se puso más al palo cuando empezó “Inconsciente colectivo”, el hermosísimo tema de la época dorada de Charly García que está incluido en el mismo material.

“¿De qué se ríen?” fue el trabajo autobiográfico que la posicionó como cantautora. De ahí la canción, “De una vez”, la cuarta en la lista de su presentación en el Español. Cuando terminó, apareció proyectado en la pantalla circular que colgaba en el fondo, el rostro en gran angular de una enfermera parecida a Peter Capusotto. Era la promoción “Clínica”, tema que estará incluido en su próximo material. “Esta canción cuenta la historia de una chica que estuvo internada en una clínica psiquiátrica”, explicó con la frescura y poca vergüenza que la caracteriza. 

De ahí pasaron “Tregua” y “My world” (“Hija del rigor”); “Querida Toto” y “Júpiter” (“¿De qué se ríen?”), para ceder el escenario entero al tecladista Cay Gutiérrez y permitirle interpretar en versión solista un tema propio. Ya con la banda de vuelta y el vestuario renovado de la cantante, empezó una nueva historia. “Este tema salió del consejo que me dio un amigo. Bah, qué un amigo… ¡mi terapeuta! Resulta que yo entregaba siempre mi corazón, me enamoraba todo el tiempo y me daba un montón de palos, siempre terminaba con el corazón roto. ¡Pero acá estoooy!, vivita y coleando”, dijo Cantilo a modo de presentación de “No entregues tu corazón”, balada lindísima de su disco del ‘98. 


          Fabiana sufre del “karma del cover” por haber tenido hits de otros autores. “Este tema se llama ‘Mundo Imaginario’ y es del disco ‘Información Celeste’, mi disco que más me gusta en todo el mundo. Seguro que no lo conocen pero no importa. También voy a tocar hits, no se preocupen”, comentó antes de largar los primeros acordes. Pero ese karma mal establecido queda desestimado cuando el público se encuentra con la producción de una artista de gusto refinado para componer, mezclado con la desfachatez de quien atravesó por todos los estadíos emocionales y convirtió a la risa y comicidad en su método de catarsis por excelencia

          El recital había comenzado puntualísimo y ya estaban por cumplirse dos horas de show, cuando tras un falso final Fabiana se escapó corriendo del escenario. Pero sabíamos que era pura parafernalia, de ninguna manera los bises iban a ser los ausentes de la noche. De vuelta y a los saltos, esta vez con medias más oscuras, chaleco plateado y pollerita símil tutú, interpretó “Amazing” de Aerosmith. El inglés no pareció ser su mejor aliado en la voz, pero dejó claro el mensaje y la identificación que sentía con el tema, en alusión obvia a su vida renovada, a su conversión de pionera en hacedora, de testigo en protagonista y de protagonista en sobreviviente. 


          En otro falso final, la gente ya parada y aplaudiendo comenzó a retirarse pensando que el show de verdad había terminado. Pero estrepitosamente volvió a salir con un rabioso “Ya fue”, y los presentes retornaron corriendo para colarse en los sectores de adelante y hacerse un espacio propio para bailar y saltar entre los pasillos. Incluso a algunos no les importó nada y se abalanzaron sobre las tablas con el único objetivo de robarle un abrazo. La seguridad y los asistentes los corrían de a poco, pero siempre aparecía uno nuevo; hasta que en la última canción, “Mi enfermedad” - esa que Fabi canta prácticamente sin mirar ni pensar porque dice metafóricamente que la toca “desde que nació” - un muchacho se coló con emoción evidente y en pleno canto le corrió la cara del micrófono y le encajó beso en el cachete. Afortunado resultó ser, que por subir en los últimos segundos del show cuando el telón empezaba a cerrarse, terminó bajando del escenario con Fabiana y su banda. No debe haber durado mucho en el back, pero con su impulso cumplió el sueño del pibe.

          El recital finalizó como una gran fiesta y con un éxtasis compartido que no había visto antes en la sala. Gente de diferentes generaciones estaba unida por la música de una artista que recorrió varias décadas y sembró a su paso un gusto sin tiempo. Fue una presentación en la que vimos a una hacedora impecable, renovada, llena de energía y vitalidad. Una mujer sin edad con la que podían identificarse mujeres de todas las edades: La adolescente escurridiza a la que le encanta coquetear, la joven que intenta recuperarse de los corazones rotos y la adulta que ya tiene tanta calle recorrida que le sobra material para escribir un libro, por nombrar algunas. 


          Su gran virtud fue la frescura y transparencia de reírse todo el tiempo de sí misma y de sus montones de relaciones, de las canciones que aseguraba que nadie conocía, de sus visitas al terapeuta y hasta de su internación en una clínica psiquiátrica, cosa que no es poca cosa. Todo mientras tomaba un tecito, presumo de jengibre, y lo intercalaba con una botellita de agua mineral. 

Lo único negativo que se pudo destacar fueron las deficiencias del sonido cuando la cosa se tornaba más eléctrica. Esto derivó en que por momentos aparecieran unos grabes gordísimos que parecían reventarte la cabeza y por supuesto, tapar al resto de la banda. Lo mismo sucedía con un sintetizador que estaba al palo y con sus intervenciones esporádicas generaba la misma sensación. Pero a diferencia de la presentación anterior en Neuquén, esta vez Cantilo no se quejó de nada y, como una lady - femme fatal, desparramó por la sala todo su carisma y energía, para demostrar así que la locura linda también puede hacer hermosa a una mujer. 

¡Hasta la próxima!
Juliana D. Biurrún
Nota publicada en www.comahuerock.com.ar

Comentarios

  1. que no se le noten los 52 nos dice que el rock te mantiene joven =) , y para destacar lo del sonido, es la primera vez en mi vida que escucho que alguien suene mal en el Cine Español! :0

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  2. Siii!! rock forever! jaja. Una lástima lo del sonido la verdad. Tampoco fue todo el tiempo, fue en la parte más eléctrica, pero cuando fallaba, de verdad te quemaba los pelos... una lástima, pero Fabiana una grosa porque esos inconvenientes no opararon ni un poco su show :)

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