El debate se tiñó de verde

Educación versus prohibición

Se preguntarán por qué un artículo sobre marihuana en un intento de blog sobre cultura. Estos pensamientos nacieron hace rato, hasta que terminaron por plasmarse en una plantilla de Word. 
El debate que gira alrededor del tema tiene decenas de aristas de análisis, pero creo que el asunto global termina por reducirse a que su consumo se ha convertido prácticamente en una cuestión cultural, que está en todos lados y que se convirtió (les guste o no)  en la mitad más uno. Esto no es apología ni desmerecer el debate, es plantear una humilde posición. Al que le interese el tema, está invitado a participar.
            Aquí va.


En la actualidad se convive con drogas legales de lo más nocivas, de las que se reciben bombardeos constantes de los medios directo a la materia gris. Con campañas publicitarias invasivas, las empresas incitan su consumo valiéndose de todos los valores de los que vive la superficialidad para transmitir su mensaje: Belleza, noche, fiesta, sexo, fugacidad, provocación, libertinaje. Gozan de impunidad en una escala fluctuante según el tiempo, y ese status de legalidad, da vía libre al consumo sin prejuicios. 
 
En torno a esto se presenta el debate por la legalización y despenalización de la tenencia de marihuana para consumo personal; un tema con numerosas variables de análisis, y en el que las posturas más ortodoxas y conservadoras salen al choque con sectores progresistas que ubican a las libertades individuales como mandato primero. Al respecto es importante aclarar la diferencia entre legalización y despenalización. La primera implica que el cannabis pueda venderse en farmacias y centros comerciales de manera libre, como un paquete de cigarrillos, una botella de alcohol o una tableta de aspirinas. La segunda, se refiere a la aceptación de una cantidad determinada para el consumo personal avalado por el autocultivo. En éste último punto se basa el presente texto, dado que el debate sobre la legalización requiere un trabajo de indagación más profundo acerca de los efectos que podría tener la misma en la sociedad.

Los aromas ilegales invadieron la ciudad

El consumo de marihuana es una realidad que circunda en el cotidiano colectivo y sin sectores de preferencia. Su uso no depende de una clase social ni de un estilo de vida, sino que por el contrario, se “democratiza” día a día y no es campo de acción sólo del artesano; también del empresario, profesional, del líder y de quien tenga ganas. En el marco de la mitificación que circunda en parte de la opinión pública sobre el tema, nada se dice de individuos que siendo figuras exitosas en sus campos de trabajo, recurren al Cannabis como una parte normal y controlada de su cotidianeidad con una vida socialmente aceptable. Esto hace referencia fundamentalmente al contexto en el que la misma se desarrolle y el marco en el que se ejecute su consumo. 

También existe un velo de contradicciones entre los sectores más ortodoxos y prohibicionistas con respecto al tema, y tiene que ver con la variedad de usos y aplicaciones que tiene el Cannabis. Por un lado la demonizan, y por otro aceptan sin problemas al alcohol,  violento y culpable de la mayoría de los accidentes mortales de tráfico; y al tabaco, adictivo hasta la desesperación e indudablemente mortal. Además, limitan su análisis al concepto de que la misma es el primer paso para el consumo de drogas duras; sin tener en cuenta que la primera sustancia es el alcohol (es más probable que un joven tenga acceso y pruebe primero una cerveza que la marihuana). 

La violencia y delincuencia con las que relacionan en sus argumentos, no pueden reducirse al acceso a un cigarrillo de marihuana. Forman parte de una globalidad en la que está inmerso el individuo y en la que los problemas afectivos y de contención son los primeros causantes. Al respecto, la licencia en Servicio Social (Universidad Nacional del Comahue), Sabrina Salto, expresó, “los mayores daños en lo que se refiere a salud y vida social en los consumidores adictos de sustancias, no se relacionan directamente con las sustancias, sino con el contexto en el que se produce el consumo”.

Renni Re es una adicta recuperada y conoce ese mundo por dentro y fuera. Ella opinó sobre el tema y manifestó, “la delincuencia y la violencia no surgen de no tener plata para el faso, sino de estar inmersos en una realidad que no nos hace felices y por eso debemos encontrar la forma de salir. El apoyo incondicional de la familia es crucial. Un adolescente drogado no se hace con un pinche transa que le invita una pitada; nace de un seno familiar donde hubo violencia, abusos, falta autoridad, de afecto y contención, por eso el adolescente se aferra al dealer buscando una contención afectiva. Por este motivo, cuando se tratan las adicciones se busca el epicentro en carencias afectivas, porque hoy sos adicto a las pastillas, pero mañana podes ser adicto a las galletitas Merengadas, y el problema sigue siendo el mismo”.

La curiosidad en el ser humano es una característica innata y cuando algo le es prohibido, la reacción mayoritariamente natural es querer probarlo. Esto no es condición sine quanon, pero es un fenómeno que se da sobre todo en la adolescencia, etapa clave en la formación de la personalidad y en la que la influencia del entorno y los pares es más fuerte que nunca. Muchas personas comienzan a consumir tabaco durante esa época o tienen sus primeras experiencias con el alcohol a escondidas de sus padres. 

Con la marihuana sucede lo mismo, su marco de prohibición en contradicción con la realidad que los circunda, no hace mas que despertar la curiosidad de los jóvenes. En este punto es fundamental la contención de los padres, la educación y la libertad para debatir el tema sin prejuicios. El consumo no se reduce a la práctica en sí, sino que está relacionado con una situación contextual que lleva al individuo a crear un imaginario expectativo fomentado por su entorno social.
 
La licenciada Salto respaldó la premisa en función de investigaciones y rasgos característicos de la psicología del individuo. “Los estudios más actuales en cuanto a la edad promedio de inicio de consumo de drogas, ubican a esta instancia entre los 12 y los 15 años, es decir, en lo que sería el ingreso a la adolescencia. En cuanto a las sustancias específicamente, cabe mencionar que el consumo hace algo más que poner en relación al organismo con una droga. En el caso de los adolescentes, las expectativas de efectos tendrán más importancia que los propios efectos. Entusiasmo, imaginación, modas, publicidad, culturas, reacciones adultas, etcétera, se mezclan para crear un complejo mundo de expectativas. En los adolescentes, dichas expectativas tienen mayor importancia que los propios efectos y a menudo son más problemáticas que la sustancia en sí. Entre los adolescentes, los usos de drogas también responden a modas que ellos crean, reciben o alteran y que se difunden por su boca a boca particular. Para poder prevenir el problema de las drogas hay que empezar sabiendo que se espera de ellas”, explicó Salto.

Para completar, Renni relató, “legalizar permite quitarle ese marco de prohibido y misterio que a los adolescentes tanto les atrae. De la misma forma funciona el que un padre inteligente siente a su hijo y le diga, ‘esto es un cigarrillo y te produce cáncer, pero el día que quieras fumar prefiero q lo hagas delante mío en vez de a escondidas’. La despenalización le da al consumo ese tipo de contención”.

El por qué de la legalización (para uso industrial y medicinal)

La ilegalidad es útil para aumentar perjuicios que derivan de ella. Entre ellos se destacan el incremento de los recursos de organizaciones dedicadas al narcotráfico, y la imposibilidad de la libre investigación sobre las propiedades médicas presentes en su forma natural, como por ejemplo, la utilización para el tratamiento contra el glaucoma, asma, cáncer, migraña, insomnio, náuseas y vómitos asociados a la quimioterapia anticancerosa, entre otras cosas. 

Sería beneficioso inclusive para la economía y la producción, es decir, la legalización para su uso industrial. De esta manera, muchos agricultores podrían realizar plantíos rentables de cáñamo especializados en la fibra o celulosa, sin contenidos significativos de THC. En este punto es importante destacar que ésta es una planta con muchísimas cualidades, de fácil cultivo y resistente a plagas, entre otras propiedades.

Educar para decidir

El despenalizar no implica fomentar la adicción, sino confiar en la conciencia de la sociedad y en su capacidad de elección a partir del libre acceso a la información. Según las estadísticas, nadie murió nunca por fumar en exceso y tampoco hay documentación de incidentes de violencia bajo los efectos sólo de marihuana. En este sentido, el alcohol es uno de los principales impulsores de violencia social, es de venta libre y más perjudicial para la persona y la sociedad misma. 

También es una realidad que mucha gente no consume tabaco ni alcohol a pesar del bombardeo constante de los medios. Esto convierte en una falacia a la creencia de que la despenalización de la marihuana fomentaría su adicción. La ecuación se reduce a que el consumo existe a pesar de su ilegalidad. Por eso, es necesario hacerle frente y debatir el tema entre todos los sectores involucrados, bajo una acción conjunta de desmitificación y educación.  No hay pretextos para ignorar el debate sobre esta planta que ya creció en muchos terrenos y que es menos nociva que las drogas legales aceptadas abiertamente. 

En este sentido puede establecerse una jerarquía de perjuicios, tema sobre el que la licenciada en psicología, Estefanía Ballesty explicó, “entre las drogas legales mas nocivas, debido a su tolerancia y dependencia, están la nicotina en primer lugar y el alcohol en segundo, porque además al ser aceptadas socialmente, no se mide el riesgo que puede tener el consumo a largo plazo. Se comienza como una curiosidad y un juego y se termina con una adicción. También es importante destacar la adicción de la cafeína, que se encuentra más adictiva que la marihuana. Entre las ilegales, considero que las más adictivas son la cocaína, el crack y las anfetaminas. Dentro de las ilegales, la marihuana es la menos dañina a nivel cerebral, físico y la que provoca menos adicción”.

          Entonces…

Ninguna política de Estado puede pensarse en un contexto aislado. Los resultados de las mismas no dependen sólo de la mano ejecutora, sino de su aceptación e incorporación en la sociedad. De nada sirve la despenalización sin una campaña educativa fuerte que la acompañe, para que el espíritu y progreso que se busca en ella sea comprendido por la sociedad. Que informe sin tabúes sobre sus ayudas y perjuicios, como el uso medicinal para cuidados paliativos y la consiguiente desconexión neuronal que genera su consumo. “Se hace más lento el pasaje del impulso nervioso de una neurona a otra. Se altera la percepción, donde pueden aparecer alucinaciones, pero solo en muy altas dosis. Puede producir depresión dependiendo de la cantidad de dosis y la frecuencia del consumo”, explicó Ballesty.

Lo que aquí se pretende no es defender a la marihuana y criticar el alcohol, sino intentar colocar a la sociedad en un estado similar de conciencia y conocimiento, porque sin ingenuidad convive día a día con una realidad a la que no  termina de hacerle frente, porque cada vez que la encuentra no termina por hacerla propia para desmenuzarla sin hipocresías ni tabúes. Pero sobre todo, porque la ilegalidad en la que se esconde no va a detener su consumo.

Hasta la próxima
 
¡Muchas gracias a las muchachas que dieron su opinión 
y me ayudaron con este texto! Magia, Renni y Estefi

Juliana D. Biurrún





Comentarios

  1. La verdad que esto es un tema de discuciòn que puede tardar años para que alguien se ponga de acuerdo con personas de partidos diferentes,sea uno del partido secciòn penalizada y para la despenalizaciòn.. El fumar marihuana,ya se transformo en una "moda",el cual son muchos niños que no saben lo que hacen (ya sea que lo utilizan por diversiòn) Cuando hay gente,que los utiliza para una vista fuera de la sociedad,para poder reflexionar y ver como podemos cambiar al mundo,con ideas muy pacifistas,dejar afuera la violencia e igualar a todas las personas con el poder de la palabra... Son humildes palabras de una cuidadana que cada dia se enfrenta a la discrminaciòn de la sociedad,y asi seguimos luchando pero siempre con amor y paz por las venas,tratando de convivir con este sistema. **Jah bless**

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  2. La verdad me encanto juli, muy buen posteo! Hay muchas cosas que mucha gente no sabe y las pasa por encima!

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