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La chica de Murphy

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Pasa en la vida real. No en las películas ni en los cuentos. Pasa en ese instante en que apoyás el manojo de llaves en el asiento del auto. Pasa en ese instante en el que soltás la puerta del auto y te percatás de que sus llaves están adentro también. Pasa cuando intentás abrir la puerta y te das cuenta de que todas tienen el seguro puesto. Pasa cuando te quedás sin la cartera, sin la billetera, sin el celular, sin 25 centavos para llamar desde un teléfono público. Pasa cuando tenés que ir a votar y el DNI está dentro del auto. Pasa cuando hacen 30 grados de calor y queda una hora para que cierren los comicios. Pasa cuando es domingo a las cinco de la tarde y ningún vecino te abre la puerta. Pasa cuando vivís muy lejos y varios kilómetros de ruta e insolación te separan del centro. Pasa en la vida real. Pasa en la vida de Ananda. Por eso la historia sigue. La hora límite se acercaba. Llegó corriendo al colegio Faustino Fernández con el pasaporte en la mano pero estaba cerrado....

Yo deposito mis tesoros en el cielo

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Se llama Javier y es de Neuquén. Hoy vive en Mar del Plata y se refugia entre las carpas que se acercan al mar. Lo conocí una noche en que me pidió un trago de cerveza mientras caminaba sola por la costa. Mi primera reacción fue seguir adelante, pero unos pasos después me acerqué para regalársela. Sin planearlo empezó a contarme su historia y alzó la voz de una vida que no imaginé cruzarme en aquel momento. Curiosidad y esencia obligan, me sumergí en esa conversación y me dejé llevar por el relato que ahora comparto con vos. Él llegó a Mar del Plata de la mano de un artesano y su mujer psicóloga que le dieron  refugio en su vivienda. A cambio del techo, cama y comida, les limpiaba la casa, les cocinaba y compartía su amistad. Al cabo de un año esa historia se dividió y lo llevó a vivir entre las carpas de la costa marplatense, esas que los turistas alquilan para protegerse del sol y él cuida para caminar su vida. Hoy vive en lo que llama un paraíso. Todas las mañanas se ...

Time will change you

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Las ideas no se mantienen fijas en el tiempo. Cambian como las personas y los paisajes de temporada. El futuro es absolutamente impredecible . Todo lo que te rodea hoy mañana puede de golpe no estar más. Al principio es duro por el inherente rechazo al cambio; porque en todo presente vive el pensamiento de futuro y la ilusión. ¿Cuándo vamos a aprender a vivir de pleno en el ahora? Estamos en proceso. Las ideas no se mantienen fijas en el tiempo . Porque somos sobrevivientes de las eras, de los leopardos y los partos sin saber lo que eran. De las serpientes, las arañas y el frío… La capacidad de adaptación y las variables infinitas de la vida hacen que todo sea absolutamente relativo y por ende, las ideas se impregnen dinámicas, volátiles. ¿Cómo lo malo puede ser del todo malo y lo bueno solo bueno, si sus fundamentos son permeables? Esas preguntas son paradojas, contradicciones; objeciones contra la quietud, reclamos de movimiento a la realidad estática . Al fin y al cabo,...

Volar por la sala, aterrizar en el sillón

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Me dijeron que nací con una fluidez muy mía, la de crear con la palabra. Que mi mente y corazón son materias primas, pero ¿quién soy para decir algo grande? Si apenas solo puedo contar mi historia… Como sea, hoy voy a contar una leyenda de ave fénix que nada tiene que ver con una historia romántica, por si acaso así lo pareciera. Ocurrió una tarde cualquiera en que miraba el atardecer. Estaba un poco perceptiva, quizás, había tomado algún trago. Era verano, siempre verano. Y los últimos rayos de sol se escurrían por las ramas entre árboles de copas espesas. A contraluz, se dibujaban nidos con docenas de pájaros ansiosos que dormían temprano y despertaban puntuales al nuevo día. Observaba y me perdía en esa maravilla tan cercana y lejana también. Y en un instante de fascinación ocurrió la magia. Una sensación más allá del tacto físico, fue una transformación de lo mundano que se desparramó en la piel. Un camino que se abrió, un salto gravitatorio hasta un suelo especial por e...

Súper Luna

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Luna nublada, imponente. Luna de arcoíris. La más brillante del año. La más cerca de la tierra. Se mueve en Acuario. El sol la sigue desde Leo. Intuición. Corazón. Puedo pensar que es un efecto de la luz o sentir que nos irradia y nos transforma, que nos alcanza como una varita. Ella se merece todos los amores y rituales. Todos los endiosamientos y primeros besos bajo su luz. Porque nada se escapa a los ojos de la luna llena. Es una chamana del cielo, una maga de las nubes, una bruja de magia blanca que todo lo sabe .  Ella es uno de los faros del gran ojo, el que contiene a vientres dentro de vientres y más vientres de mundos que se deshacen a la razón finita. La aureola que dibuja su silueta es la energía de su suelo que se expande. Y esa estela que brilla alrededor es su grandiosa intuición, porque todo lo ve, todo siente, todo lo vibra tan mujer y todo lo ilumina tan bruja . Juli la foto también.

Convivencia

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Mi gato es sabio. No porque sea mío sino porque de verdad lo es. Él me enseña, es mi compañero fiel y guardián nocturno. Me trae plumas blancas cada vez que se encuentra con un ángel en el patio. Y me besa con pasión, se extasía cada vez que miramos juntos una película. Me habla con su mirada, nos comunicamos sin sonidos. Cuando sube al estante me toca la frente con su pata suave y me dice que todo va a estar bien, que no tenga miedo, que las hadas se esconden en las plantas y vuelan por la casa mientras duermo. A veces cuando sueño las escucho y siento el aire de su aleteo en la punta de mi nariz. Juli  Biurrún Foto y maquillaje de ANDREA JARA

Los solitarios

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El cielo estaba gris y el aire se sentía húmedo. Los pájaros cantaban tímidos y cuando los escuchaba recordaba aquellas mañanas de invierno en la cama con mamá. Tenía solo algunos años y me ponía triste cuando pensaba que ellos tenían frío porque no estaban con su mami como yo con la mía. Inmersa en esa imagen subí a la bicicleta y llegué hasta una plaza cerca del río.  El aire olía fresco, qué bueno que tenía mis guantes. Qué bueno que mi piel estaba curtida. Me sentía fuerte. Todavía me siento fuerte. Con los auriculares puestos me apoyé en un árbol y empecé a observar. La calle estaba casi vacía y solo se veían algunos caminantes ansiosos y solitarios, esos que si pasaban mucho tiempo dentro de su casa sentían que se asfixiaban y necesitaban salir a respirar sol, aunque la tarde estuviera nublada. A pocos metros había una esquina en reparación donde los autos se acumulaban para  doblar en u. Y en un momento a esa fauna de vehículos se sumó un motor ruidoso por ...