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Desde el otro lado del mundo

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Capítulo I Cada vez que Venus aparecía en el cielo Tobías sentía un deseo profundo de que sus zapatillas se transformen en propulsores para volar hasta el otro lado de las montañas. Era un soñador nato y de niño pasaba horas imaginando cómo sería del otro lado del planeta, el punto exacto donde él estaba parado. Cuando iba a la escuela usaba los planisferios que le pedían las maestras y hacía una marca en las coordenadas de su casa. Después juntaba los extremos de la hoja y pinchaba esa intersección con un punzón hasta traspasar el papel y encontrar su punto gemelo en la otra mitad del globo. Vivía en el norte argentino y encontraba ese lugar en un archipiélago de origen volcánico que hace miles de años estaba unido a Oceanía. Se llamaba Tasmania y recibía frecuentemente peregrinaciones de científicos y amantes de la naturaleza que buscaban las excentricidades de su vegetación. Allí sus pobladores vivían del turismo, la exportación de frutas tropicales y de la pesca. En ...

La idealista

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Dicen que era una chica rara para esos días. Que era desprolija y vivía en un estado de despojo cercano a lo absoluto. Que casi nada parecía importarle y que era indiferente a todo lo que se cuantificara en valor material. Era como una "newhippie" que tenía un Smartphone porque se lo habían regalado. Ella era muchas. Opuestas y contradictorias, apasionadas, insoportables y complicadas, pero adorables por sobre todo defecto. Cada una de sus partes era muy fuerte y luchaba sin freno para convivir en el mismo cuerpo. Tenía por mala costumbre pensar en demasía, ese era el defecto de su virtud más grande. ¿Qué la había llevado a ser así, si a veces no sabía ni siquiera pensar? “ Quédate con quien conozca tu peor versión y no le de miedo ”, decía siempre con seguridad. Eso se lo había enseñado su mamá que no pasaba día sin quejarse de sus pantalones rotos. Sabía que su luz era más fuerte que cualquiera de los grises que pudiera invadirla un martes ordinario. Era una ...

El noctámbulo

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De pibe descansaba poco y sentía que sus padres lo castigaban cada vez que lo mandaban a dormir. La vida nocturna era territorio prohibido gobernado por adultos y a su escasa edad la luz del día le abrumaba los ojos. Era extremadamente sensible y cuando los haces entraban por la ventana sufría un encandilamiento tal, que ni las pestañas más largas heredadas de su bisabuela lo protegían del brillo. Él pensaba que tenía una enfermedad pero no distinguía si era físico o mental. Pasaba horas largas en su habitación y los veranos de vacaciones los compartía con la Play Station que le había regalado su hermano. Vivió tantas tardes encerrado en ese cuarto, que su piel se volvió amarillenta y las ojeras le pronunciaron surcos grises sobre los pómulos. Los huesos de sus clavículas empezaron a sobresalir y los músculos de sus piernas a perder espesor. Su sonrisa se hizo tiesa y los labios resecos se acostumbraron a lastimarse cada vez que su boca se estiraba un poco de más. La primaria ...

El mensaje de las ninfas

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La melodía que resuena en el cosmos La carretera estaba oscura y en el techo se veían diez mil estrellas. La octava luna en cuatro menguante parecía un hilo curvo que cedía todo el protagonismo a sus hermanas del cielo. El velocímetro pisaba el número cien y los árboles del costado armaban un puente de sucesivas hojas negras. El camino era recto y las líneas discontinuas de la ruta acusaban ninguna curva cerca. El viaje llevaba varias horas y la noche estaba plena. Abel estaba cansado. Con entusiasmo inyectaba su voluntad pero los párpados le pesaban y la tentación de mirar hacia atrás para recostarse, se enardecía cuanto más pasaban los kilómetros. Fue así que decidió estacionar al costado y descansar hasta el amanecer. En el medio de su sueño unas criaturas etéreas y para cualquiera, imaginarias, se hicieron milímetros y entraron en su auto. Lo abrieron y lentamente lo elevaron para sacarlo por la ventana. Él estaba tan sedado que no sintió la mínima brisa. Eran ...

Te conozco de otra vida

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Cuento de feliz cumpleaños Hacía décadas su estirpe era parte de un conflicto de lanzas, flechas y catapultas para defender y extender los límites de su territorio. Era hija del gran Sapor II y su reina Esther Bendahan, gobernantes del Imperio Sasánida de Persia en el año 363. Se llamaba Aridaí, que en el occidente significa “bello amanecer” y era la tercera princesa del reino; la del medio entre dos hermanos. Se caracterizaba por su personalidad intensa y desaprensiva. Era indiferente y amorosa por igual. Adoraba el color azul y cuando caminaba al aire libre se mezclaba con el cielo. Su padre era una potencia enorme. Durante años ocupó el trono y construyó una fortaleza de diversidad. Tan inmensos fueron los territorios conquistados, que sus fronteras se recordaron por la heterogeneidad de costumbres y culturas que hubo en ellas; formas de vidas constantemente diferentes e imposibles de unificar. El imperio sasánido del rey de Persia, fue la esencia de cada pueblo en la ...

Fucking Father Day

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Se despertó en la cama de su hombre. El sonido ensordecedor del timbre del teléfono la sacudió del sueño y la almohada ensalivada. Maldito timbre, siempre suena cuando no lo llama. Era la voz de su vieja, ambigua como siempre, pero esa vez con una gárgara de lija previa que la desayunó con el regalo más puto para un Día del Padre (y no en el sentido trivial de la palabra): Al viejo le habían robado el auto. Así amaneció su domingo más cerca del mediodía que de la mañana. El almuerzo que lo homenajeaba  resultó confuso. Los aires flotaban raros y no había sahumerio que los disimulara. Sus intenciones de una alegría de vino al mediodía quedaron frustradas desde el primer sorbo. Llegó el postre y en la mesa caretearon sonrisas, pero cuando invitó a sus padres a compartir un cigarro de flores en alguna post cena, de nuevo pensaron que se estaba volviendo drogadicta y él la acusó, una vez más, de ser promotora del humo. Para ella de los buenos, claro. Como siempre des...

Una historia de luces y tentaciones...

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Era más rico que el postre nuevo de Bonobón. Incluso cuando mordió la empanada y el jugo de la cebolla se desparramó entre sus dedos, todavía parecía sabroso. En un rapto de inconsciencia instintiva, pensó en arrebatarlo para llevarlo hasta la zona roja de Holanda y ser la única clienta durante los treinta días del mes. Una no está preparada para tanta metralleta de masculinidad junta. Algunas apenas esperan que el sujeto de su cita se lave los dientes y tenga el comedor completo. O, con pretensiones más amplias y exquisitas, sepa hablar y no tenga errores de ortografía. Eso es absolutamente excluyente y fundamental. Juan Cruz Pertticone era codiciado y cumplía con todos los requisitos “estereotipables” para la sociedad. Era el último soltero por el que las desquiciadas con vuelo estaban dispuestas a arrancarse los ojos. Pero él era selectivo, no cualquiera le venía bien (cuando no se trataba solo de sexo).   Buscaba una fémina similar a lo que era: Una chica con i...

Sleeping on the desk

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     Todos la identificaban por su torpeza y distracciones constantes. Era común escucharla gritar por un golpe de su cadera contra el escritorio o por el agua del mate derramada entre sus papeles. Siempre llegaba tarde. Era la última en aparecer y la última en irse. Siempre fue una periodista tan dedicada como impuntual.      Ese martes 23 de agosto su compañero Sarmiento la encontró desparramada sobre la PC , con su pelo enrulado revuelto y desprolijo. Le llamó la atención porque lo que tenía de torpe y distraída, lo tenía de pituca y coqueta. Pensó que estaba dormida, ella siempre tenía sueño. La miró y se rió, imaginó que se había caído de la cama para llegar temprano y no había soportado la puntualidad.        Las horas de la mañana pasaron. Se hicieron las diez. La tribu de la oficina de redacción ya estaba completa. Todos la habían visto dormir con el pelo revuelto y habían compartido el pensamiento sobre su irre...